jueves, 1 de febrero de 2018

Fragmento y comentario del texto: El mito individual del neurótico. Lacan, J. (1953). Buenos Aires: Paidós. 2010, p. 22

“Como Freud lo subrayó siempre, cada caso debe ser estudiado en su particularidad, exactamente como si ignorásemos todo de la teoría.”

Comentario:

Probablemente lo que llamamos “clínica” era algo tomado mucho más seriamente cuando no se creía haber llegado a puertos seguros. El ideal de cientificidad y la estandarización de las clasificaciones y las técnicas se nos presentan hoy como las más notables “seguridades” de nuestro tiempo. Por esa vía se ha llegado a tanto como prescindir del saber de la persona que sufre, aquella que, por cierto, es la única que puede ponernos al tanto de lo más íntimo de su malestar y su historia. Es cierto que todo parece marchar más rápido con los métodos actuales, y que los discursos son tanto más esperanzadores siempre que el profesional se muestra henchido de seguridades acerca de los diagnósticos, los tratamientos y los pronósticos. De hecho, es esa aparente seguridad, en esos tres aspectos específicos, lo que brinda cierto aire de cientificidad que muchos no dudan en ostentar mientras desprecian el caso particular que la persona encarna.

Sin embargo, en la clínica, como en la ciencia, no hay nada evidente. De hecho, suponer que un axioma, como base de una teoría, es una verdad evidente, nos pondría en posición de necedad y desconocimiento, pues, como bien pudo demostrarlo Poincaré, un axioma no es más que una definición encubierta bajo la apariencia de una obviedad. Por tanto, comprender demasiado pronto, amparándose en lo que se presenta como evidente, implica el abandono de toda rigurosidad. Lo que, por cierto, no se soluciona con la estandarización de ningún método o procedimiento. Si se indaga lo suficiente, es posible hallar que, en no pocas ocasiones, la estandarización sirve más al ocultamiento de la impotencia y la necedad, que al descubrimiento de algún saber que valga la pena.

Por tanto, en el psicoanálisis, práctica que no se ocupa de la evidencia, el valor del caso se presenta cuando interroga lo que parece evidente. Las evidencias no prueban el caso. Por el contrario, ellas servirán para silenciar, tanto en la persona que sufre como en el clínico, la angustia que conlleva enfrentarse a la incertidumbre y al encuentro con un saber inédito. Esto pone al psicoanálisis en una cierta oposición, no solamente con otras clínicas relacionadas con el sufrimiento humano, sino también con el derecho, pues las dos últimas requieren de la recolección de las evidencias que permitan probar un caso. En la práctica psicoanalítica, por otra parte, requerimos de la particularidad del caso para interrogar las evidencias.

John James Gómez G.

martes, 12 de diciembre de 2017

Cordialmente, les invito a leer: "Sujeto, Ley y crimen: reflexiones sobre la responsabilidad y los menores infractores." Se trata del texto de una conferencia que pronuncié el 29 de noviembre en la Universidad Católica Lumen Gentium, en Cali, Colombia, en el marco de las jornadas de conversatorios "Adolescencia, subjetividad y tejido social".

Les dejo un fragmento y a continuación el enlace al texto completo. Agradezco a mis queridos amigos y colegas de www.elsigma.com por publicarla. Enlace al texto completo: Sujeto, Ley y crimen. elSigma

"Digamos primero que un sujeto no se adapta a la ley, pues ella va en contra de la adaptación en un sentido natural, sino que actúa a partir de ella sin saber qué lo empuja a la satisfacción hasta el momento en que aprende a leer entre líneas ocupándose de la dificultad que le es más propia.

Por tanto, propongo entender el crimen como la expresión de la culpabilidad derivada de la renuncia del sujeto a ocuparse de la lectura que da cuenta de esa estructura necesaria que es la ley. Y no me remito aquí de modo expreso a la ley jurídica; ella es sobre todo una regla moral, una norma, antes que una ley necesaria en el sentido lógico. La ley a la que me refiero es la que separa a la imposibilidad de la impotencia. Solemos desconocer la primera y padecer la segunda.

Así las cosas, les propongo pensar el crimen como un acto de desconocimiento de la imposibilidad que empuja a algunos sujetos –habrá que ver el caso, uno por uno– a tratar de librarse de una culpabilidad que es, por cierto, un afecto equivalente a sentirse impotente en relación con su deseo. Y digo algunos, porque otros buscarán la huida, otros enfermarán, otros se accidentarán y, así, cada uno establecerá un cierto destino que vele el hecho de que ha cedido en su deseo (Lacan, 1988). Pueden ver que con esta manera de plantear las cosas seguimos en la vía tanto de Lacan como de Freud, entendiendo que es la culpabilidad la que antecede a la transgresión, a diferencia del sentido común que nos dice que la culpabilidad sería el afecto que surge luego de la transgresión.

Ahora bien, esta tesis implica comprender la diferencia entre impotencia e imposibilidad. La impotencia supone el fracaso de la ostentación fálica. Cuando alguien trata de ejercer un poder y la dificultad le sale al paso, se verá enfrentado a la impotencia. En ese momento tendrá que ver si se ocupa de eso, si se propone encontrar una manera de reconocer la ley que le permita hacer la lectura como estructura necesaria, o si se enfrenta al hecho de sentirse tomado por la impotencia que lleva a la tumescencia del cuerpo como negación de la ausencia de potencia fálica.

Esa tumescencia puede manifestarse de diversas formas, desde la sensación de petrificación e incapacidad hasta la agresividad que puede estar orientada hacia el propio cuerpo o hacia el otro. Por tanto, la impotencia opera en relación con la trasgresión. Por su parte, la imposibilidad opera en relación con la ley y, por esa vía, lo real se introduce no como algo que retorna de manera siniestra e insoportable, sino como aquello que siempre vuelve al mismo lugar pero, en cada retorno, algo de ello puede reconocerse en cuanto ley y producir, a partir de allí, una invención.

El reconocimiento de la imposibilidad hace posible la invención de algo nuevo a partir del retorno de lo real. La impotencia como desconocimiento de la ley empuja a la repetición que se toma al cuerpo como medio para poner en marcha la transgresión que retorna como destrucción y como necesidad de castigo.

La cuestión no es, pues, la presencia de algún demonio de la perversión en el sentido en que lo presenta Edgar Allan Poe. La perversión es la condición resultante de la introducción de la ley a la que solemos responder con el mito y que nos lleva, como a Freud en “Tótem y Tabú”, a inventar un padre perverso –y a Poe un demonio– persecutorio, castigador, un padre de la fantasía, frente al cual intentamos revelarnos cuando experimentamos la impotencia allí donde nos revelamos incapaces de leer la estructura necesaria de la ley, que introduce la imposibilidad de lo real.

A esa posición del sujeto que se ocupa de inventar una manera de saber leer entre líneas eso que se manifiesta como imposibilidad, le llamamos responsabilidad subjetiva. En tal sentido, vemos que la responsabilidad desde el punto de vista del psicoanálisis difiere de la responsabilidad en un sentido jurídico, pues los atributos de la ley a la que se refieren son distintas. Jurídicamente la responsabilidad es equivalente a “allanarse a los cargos” de manera libre, consciente y voluntaria.

Tengamos en cuenta que nos topamos con tres términos interrogados por el psicoanálisis desde sus fundamentos: libertad, conciencia y voluntad. Por tanto, hablar de responsabilidad en ese sentido es una manera de velar lo que está en juego, a saber, el campo de la culpabilidad como necesidad de castigo que adviene tormento para la conciencia, en sus dos formas básicas, como conciencia moral y como conciencia de sí.

Cuando una persona se allana a los cargos, lo hace, o bien porque merced de la culpabilidad busca la pena, o porque espera, ante la impotencia derivada de no saber cómo librarse de las consecuencias, gozar de los beneficios, ya que el allanamiento a los cargos supone un atenuante que se refleja en rebaja sobre el tiempo determinado para pagar por el delito cometido. Si a ello agregamos que el crimen ha sido cometido por alguien a quien llamamos “un menor”, vemos que se plantea una condición todavía más problemática, pues no se le otorga la virtud de la responsabilidad. Se trata de alguien tomado por una víctima que, a su vez, actúa como un victimario."

miércoles, 6 de diciembre de 2017

CONFERENCIA: EL FALO, LA PSICOSIS Y EL EMPUJE A LA MUJER

Comparto con ustedes la videoconferencia “El falo, la psicosis y el empuje a La mujer”, que dicté hace un par de meses en el marco del diplomado en Psicopatología y Clínica Psicoanalítica, del Instituto de Psicoanálisis y del Instituto Realia de Xalapa, México.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Fragmento y comentario del texto: Aún. En: El Seminario, libro 20. Lacan, J. (1972-1973). Buenos Aires: Paidós. 1981, págs. 128. [Segunda parte del comentario]

Con este comentario entramos en receso hasta la primera semana de febrero de 2018.

“…lo que hace vivibles a las llamadas relaciones humanas, es no pensar en ellas.”

Comentario:

“No hay relación sexual”, es un aforismo lacaniano que devino cliché. Su recurrencia parece más impulsada por lo escandalosa que la sentencia pudiese resultar a los oídos de los bienaventurados, que por el reconocimiento de la lógica que la sustenta. Sea como fuere, se trata de un enunciado que cuestiona cualquier ideal en torno a la felicidad, la armonía, la paz e, incluso, la esperanza en un futuro próspero, el acceso al conocimiento absoluto y el retorno al paraíso perdido.

Las “llamadas relaciones humanas” existen justamente porque no hay relación sexual. El lenguaje, nuestra más grande proeza es, al mismo tiempo, motivo de esa imposibilidad:

Todo indica –es ese el sentido de lo inconsciente– no sólo que el hombre ya sabe todo lo que hay que saber, sino que ese saber está perfectamente limitado al goce insuficiente que constituye el que hable.
Se ve a las claras que esto trae consigo una pregunta dirigida a esta ciencia efectiva que ciertamente poseemos bajo el nombre de física. ¿En qué concierne a lo real esta nueva ciencia? El error de la ciencia que califico de tradicional por la que proviene del pensamiento de Aristóteles, está en dar por sentado que lo pensado está hecho a imagen del pensamiento, es decir, que el ser piensa[1].

Ese error de la ciencia expresa la determinante influencia del pensamiento aristotélico-cartesiano en Occidente. Se constata con facilidad que lo pensado no está hecho a imagen del pensamiento, como tampoco la cosa está representada fielmente en el lenguaje con el que se la nombra; muy a pesar de los sueños de la ciencia aristotélica-cartesiana. No hay cópula entre lo uno y lo otro. Y en la medida en que intentamos representar incluso nuestro “ser” a través del lenguaje, estamos sometidos a esa misma imposibilidad, tanto en lo que nos atañe más íntimamente, por lo que no hay “unidad psíquica”, constituyéndonos como extranjeros para nosotros mismos, como también en lo que nos vincula con los otros que son todavía más extraños, más imposibles. Testimoniamos nuestra falta en ser, antes que nuestro ser.

Pero no hay que pensar que esto es un descubrimiento enteramente lacaniano. El estoicismo antiguo lo había anticipado suficientemente, poniendo el término incorporal como una “adición” que, con el lektón (expresable) en particular, hacía manifiesta esa imposibilidad:

…agrega Ammonio, conciben además un intermediario entre el pensamiento y la cosa que llaman lo expresable”. Ammonio no aprueba esta adición y en efecto la teoría de Aristóteles se basta por sí misma, si el pensamiento es en sí mismo el objeto designado[2].

De otro lado, los "tres registros" son el modo en que Lacan se plantea la cuestión en pro de una articulación que permita escribir los caminos de esas paradójicas relaciones. Lo simbólico sostiene el marco en el cual aparentamos que las cosas están en orden a pesar de esa imposibilidad. Lo imaginario, articulado por vía de lo simbólico, sostiene la ficción de que podemos ser Uno, so pena de caer en el mismo error aristotélico ya mencionado. En esas articulaciones entre lo simbólico y lo imaginario, lo que siempre retorna como imposible es lo real; pero retorna siempre por la insistencia que tiene asidero en las cadenas significantes, es decir, en lo simbólico. 

Así pues, afirmar que no hay relación sexual es una manera de interrogar la lógica aristotélica, así como la máxima cartesiana "cogito ergo sum" (a causa de pensar soy). No hay ser del pensamiento; el ser no piensa. De hecho, lo que ha demostrado el psicoanálisis, desde Freud, es que cuando algo del ser se manifiesta es justo en el instante en que no se piensa, cuando el pensamiento tropieza dando lugar a otra razón que no es la de la conciencia.

John James Gómez G.  



[1] Lacan, J. (1981). Aún. En: El Seminario, Libro 20. (1972-1973). Buenos Aires: Editorial Paidós, pág. 128.
[2] Bréhier, E. (2011). La teoría de los incorporales en el estoicismo antiguo. Buenos Aires: Leviatán, pág. 34.

lunes, 13 de noviembre de 2017

ACTUALIDAD DEL PSICOANÁLISIS / GUSTAVO DESSAL

Hoy, comparto con ustedes estas interesantes reflexiones del psicoanalista Gustavo Dessal, acerca de la actualidad del psicoanálisis, en el cual aborda, entre otras, la relación problemática entre psicoanálisis y ciencia. 
Gustavo Dessal es miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

¡Qué lo disfruten!


jueves, 9 de noviembre de 2017

Fragmento y comentario del texto: Aún. En: El Seminario, libro 20. Lacan, J. (1972-1973). Buenos Aires: Paidós. 1981, págs. 128. [Primera parte del comentario]

“…lo que hace vivibles a las llamadas relaciones humanas, es no pensar en ellas.”

Comentario:

Quien haya sido presa de la rumiación del pensamiento, probablemente esté en posición para dar testimonio de lo insoportable que resulta la sospecha de que, tal vez, el Otro y los otros engañan. “¿Me dice la verdad o me miente?” “¿Qué quiere de mí?”. Son preguntas que no dejan de martillar el clavo que se hunde, cada vez más profundo, en el agujero constituyente de un ser que habla y usa letras (parlêttre); ser banal e irrelevante que se toma a sí mismo como sentido de la existencia de un Universo para el cual resulta innecesario. No importa adónde huya, ningún lugar es refugio cuando la duda acecha.

Cuando Sartre, en su obra A puerta cerrada, puso en boca de Garcin las frases: “Así que esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído… ¿Recordáis?: el azufre, la hoguera, la parrilla… ¡Ah! Qué broma. No hay necesidad de parrillas; el infierno son los otros”, apuntó al corazón de la Otredad, que con Lacan (pero mucho antes con los estoicos) se revelaría como constituyente del yo; Eso que es al mismo tiempo lo más extraño y lo más íntimo del ser. Lo más insoportable y perturbador.

Es ése el plano en el que se nos re-velan las relaciones humanas. Un campo especular en que el yo se proyecta constantemente, poniendo en los otros lo que por serle más constituyente es más perturbador.  “Hacerse el loco”, “hacerse el boludo”, no pensar en ello, no querer saber nada de eso, suele hacer soportable la presencia de esa Otredad que habita en lo más íntimo como falta en ser.

De alguna manera, el yo se hace ilusiones, mientras ruega al Otro, y a los otros, con las palabras: “no me des-ilusiones”, amparado en una falsa premisa a la que convierte en su mayor pasión, a saber, que la ignorancia es dicha. Sin embargo, al ser dicha, la ignorancia ya no puede callarse. No se habla sino de lo no olvidado, (a-létheia), aunque no se quiera pensar en eso, incluso si así se logra que las relaciones humanas sean más o menos vivibles.

John James Gómez G. 

lunes, 6 de noviembre de 2017

La obra del amor en la era de su reproductibilidad mecánica (Néstor Braunstein)

Hoy comparto con ustedes la conferencia "La obra del amor en la era de su reproductibilidad mecánica", dictada el 27 de marzo de este año, 2017, por el psicoanalista argentino Néstor Braunstein, en el marco del XII Coloquio de Neurohumanidades, en México. 
Néstor Braunstein es autor de numerosos libros, entre ellos: El goce. Un concepto lacaniano; Psicología: ideología y ciencia; DSM. Clasificar en Psiquiatría; Traducir el psicoanálisis; Memoria y Espanto o el recuerdo de infancia, Ficcionario de psicoanálisis, entre otros. 

¡Qué lo disfruten!



¡Qué poca humanidad hay a veces en ese “gran espíritu científico”!

 “Se abre paso la vida con la misma terquedad con la que una plantita minúscula es capaz de rajar el suelo de hormigón para sacar la cabeza....