lunes, 21 de agosto de 2017

Jacques Lacan. Televisión 1973 (Sub. español)

Comparto con ustedes el video de la entrevista realizada a Jacques Lacan en el año 1973 y difundida por la ORFT el 9 y el 16 de marzo de 1974. En caso que no visualicen los subtítulos, pueden activarlos dando click en el ícono correspondiente en la barra inferior del video. 

¡Qué la disfruten!

miércoles, 16 de agosto de 2017

Fragmento del texto: Más allá del principio de realidad. Lacan, J. (2008). En: Escritos 1. Argentina: Siglo Veintiuno Editores, 2ª ed., pág. 88. [Primera parte del comentario]


“De ese modo se constituye lo que podemos llamar la experiencia analítica. Su primera condición se formula en una ley de no omisión, que promueve al nivel del interés, reservado a lo notable, todo aquello que “se comprende de suyo”: lo cotidiano y lo ordinario, ley que es, no obstante, incompleta sin una segunda, esto es, la ley de no sistematización, que concede, al plantear la incoherencia como condición de la experiencia, una presunción de significación a todo un desecho de la vida mental, es decir, no sólo a las representaciones cuyo sinsentido es lo único que ve la psicología de escuela: libreto del sueño, presentimientos, fantasías de la ensoñación, delirios confusos o lúcidos, sino también a esos fenómenos que por el hecho de ser completamente negativos carecen, por asé decir, de estado civil: lapsus del lenguaje y fallas de la acción.”

Comentario:

La experiencia analítica funda su praxis en una regla que resulta subversiva y provoca rechazo cuando ella es vista con los ojos del positivismo y sus exigencias de rígida sistematicidad. Que se invite al sujeto a comunicarnos toda ocurrencia que pase por su cabeza, prescindiendo de sus intereses, así como de los nuestros, por organizar la información e intentando librarse de las restricciones que la propia moral y el afán por comprender imponen, parecen cosas completamente ajenas al “buen procedimiento científico”. En la época de Freud, como ahora, el encuentro con un paciente, bien sea por parte de un médico, un psiquiatra o un psicólogo, se presenta bajo la forma de un ritual cada vez más sistemático. En nuestros días, ya no sólo en un sentido procedimental en el quehacer de la auscultación por parte del profesional hacia su paciente. Si así fuera, tal vez la sistematicidad no primaría sobre la inteligencia. Pero, lo que encontramos cuando la sistematicidad se impone como premisa rígida, no solamente a los fines de las ciencias positivistas, sino también de los intereses capitalistas, es que la tecnología se convierte en aquello que dice al médico, al psiquiatra y al psicólogo, qué hacer. Cualquiera que haya visitado una EPS (Obra Social), puede constatar que la clínica de la mirada, otrora del médico sobre el paciente, se ha convertido en una clínica del software, cada vez que el profesional que recibe a su paciente, a veces incluso sin mirarlo si quiera para brindarle el saludo, se encuentra atado irremediablemente a la fascinación que la pantalla de la computadora ejerce sobre él, ubicándolo en una posición servil con respecto a cada uno de los espacios que debe llenar para que quede registro sistemático de que ha hecho “bien” su trabajo. ¿Cómo hablar de clínica en un panorama tal?

Así, el decir del sujeto queda suprimido o es relegado a un plano secundario, accesorio. Y todo lo que se espera que diga, debe poder sistematizarse a fin de llenar esa casilla obligatoria, incluso para los psicólogos que trabajan en instituciones de salud, destinada a un código que dicta un manual y que rubrica un diagnóstico. Nadie se libra de ello. Basta con entrar en el consultorio y ser atendido por un profesional de la salud, para que, por imposición de la rígida sistematicidad tecnológica, dicho profesional esté obligado a asignar un código y la palabra del sujeto quede excluida, rechazada como saber que podría servir a los fines de su propia curación.

El psicoanálisis, por su parte, encuentra en el decir del sujeto una insistencia de algo que, a pesar de no parecer sistemático, no cesa de retornar indicando aquello que para él, en su singularidad, más allá de todo software, tecnología o técnica, habla de lo más propio de su sufrimiento y, a partir de lo cual, bien podría encontrar un modo de saber hacer con eso. No ha de extrañarnos, que ante la sumisión que exige el discurso capitalista cuando hace de la técnica y de la tecnología ideales incuestionables de la sistematicidad, muchos entre quienes administran la salud y sus instituciones indiquen, como condición a quienes llegan a ejercer allí su práctica, que el psicoanálisis está “terminantemente prohibido”.


John James Gómez G.

lunes, 14 de agosto de 2017

¿Qué es el psicoanálisis? Colette Soler

En esta ocasión comparto con ustedes un video corto en el que la psicoanalista francesa Colette Soler reflexiona alrededor de la pregunta "¿Qué es el psicoanálisis?"

¡Qué lo disfruten!

miércoles, 9 de agosto de 2017

Fragmento del texto: La transitoriedad. Freud, S. (1916). En: Obras Completas, vol. XIV. Amorrortu Editores, 1986, pág. 309.
(Tercera parte. La primera parte de este comentario es del 10 de marzo de 2016 http://leyendopsicoanalisis.blogspot.com.co/2016/03/fragmento-del-texto-la-transitoriedad.html)

“El valor de la transitoriedad es el de la escasez en el tiempo. La restricción en la posibilidad del goce lo torna más apreciable. Declaré incomprensible que la idea de la transitoriedad de lo bello hubiera de empañarnos su regocijo.”

Comentario:

Bram Stoker hizo famosa la palabra Nosferatu. De ella no hay mucho que pueda decirse con certeza cuando se trata de su origen; su etimología ha eludido los esfuerzos de quienes han intentado determinarlo. Sin embargo, si le brindamos el valor de un neologismo, el cual Stoker asume con el significado de “no muerto”, toma para nosotros un interés mayor. Sabemos que Nosferatu, en la personificación del vampiro, y particularmente de Drácula, no deja de causar fascinación. La idea de tener la eternidad para gozar parece un regalo irresistible. Lo hemos visto en la literatura y el cine desde el clásico basado en la Obra de Stoker, hasta la banalización despojada de sus pasiones más propias en el personaje de las novelas adolescentes de Stephenie Meyer: incluso ante la negativa de Edward, Bella rogó por el regalo de la eternidad aunque eso significara devenir no muerta, pues fantasea que así lograría alcanzar lo imposible de la relación sexual. Pero, ¿de qué se trata el horror por la transitoriedad tal y como Nosferatu logra ponerlo de manifiesto?

La negación antes de la palabra muerto no constituye una afirmación de la vida. “No muerto” indica que algo se resiste al destino irrefrenable por el que lo vivo, en la belleza de su transitoriedad, llega a su fin. Nosferatu es aquél que, aun sin saberlo, renuncia a su vida y, con ella, a la incompletitud que el saber sobre su final mortal conlleva. Claro está, se trata de un personaje de ficción, por tanto, representa una fantasía humana; un anhelo que pone de manifiesto el horror ante la transitoriedad de nuestra existencia. Si asumir la vida implica reconocer la muerte, entonces, vivir como si se estuviera muerto corresponde al anhelo de desconocer la vida para no llegar el destino irrefrenable de la muerte. Este anhelo que implica poner el deseo como signo vital en un aplazamiento con el que se busca engañar a la muerte, habita en nosotros  de ciertas maneras y, en algunos, bajo esa forma que Freud denominó neurosis obsesiva.

El obsesivo suele ponerse en el lugar de Nosferatu. Podríamos decir que el neurótico obsesivo es un ejemplo de Nosferatu; pero sería todavía más preciso decir que Nosferatu es la ficción que revela cómo el obsesivo hace de su deseo un deseo imposible. Creerse eterno, como un no muerto, lo lleva tanto a la inhibición con la cual se prohíbe hacer cualquier cosa para no correr el riesgo de morir, como a enfrentarse temerariamente desafiando la muerte por creerse inmortal, pasando por el lugar que asume aquel que aparenta una absoluta invulnerabilidad con la cual quiere hacer creer al Otro que no lo requiere, aunque en silencio no haga otra cosa que esperar su clemencia. Se trata, pues, de aquél que sufre para sostener la ficción de su no muerte.

John James Gómez G. 

lunes, 7 de agosto de 2017

Clase 1. Síntoma y Nominación en Psicoanálisis. Doctorado UdeA.

Hoy comparto con ustedes la primera clase del seminario Síntoma y Nominación en Psicoanálisis, dictado por Mario Elkin Ramírez en el marco del Doctorado en Psicoanálisis de la Universidad de Antioquia, en Medellín, Colombia.

¡Qué la disfruten!

martes, 1 de agosto de 2017

Fragmento del texto: La transitoriedad. Freud, S. (1916). En: Obras Completas, vol. XIV. Amorrortu Editores, 1986, pág. 309.
(Segunda parte. La primera parte de este comentario es del 10 de marzo de 2016 http://leyendopsicoanalisis.blogspot.com.co/2016/03/fragmento-del-texto-la-transitoriedad.html)

“El valor de la transitoriedad es el de la escasez en el tiempo. La restricción en la posibilidad del goce lo torna más apreciable. Declaré incomprensible que la idea de la transitoriedad de lo bello hubiera de empañarnos su regocijo.”

Comentario:

El horror que despierta en algunos la transitoriedad de lo bello puede presentarse, a veces, bajo la forma de aquello que los antiguos denominaban taedium vitae (hastío de la vida). El hastío, el abatimiento, la posición a veces melancólica, asoma con el rostro del espanto. Ante ello, el neurótico suele tomar la vía imposible: intenta huir de sí mismo. Freud reconocía ese intento tan propio del Yo en las neurosis y lo dejó indicado en el primer párrafo de su texto La represión: “En el caso de la pulsión, de nada vale la huida, pues el yo no puede escapar de sí mismo.” (1915, pág. 141). Tal intento puede ir desde el más sutil descuido, por el cual alguien no logra reconocerse en lo que elige pues padece la paradójica condición de no querer lo que desea, hasta la insoportable omnipresencia de la muerte que no cesa de acechar, también paradójicamente, pues constituye a la vez aquello que quiere olvidarse para vivir con la ilusión de que se podría llegar a ser eterno, mientras asume también el rostro de un fantasma que se ofrece de modo siniestro con la promesa de librarnos del dolor de existir.

La transitoriedad tiene el valor de recordarnos la escasez del tiempo, decía Freud en el texto que tituló con ese calificativo relativo a la finita duración de las cosas. Mientras que su amigo, un joven poeta, no podía regocijarse con la belleza de la naturaleza que los circundaba mientras caminaban en un paseo de verano, pues le preocupaba que todo aquello estuviese destinado a desaparecer, Freud, por su parte, no podía hacer equivaler la transitoriedad a la banalidad, lo despreciable o lo lamentable. Por el contrario, veía en esa escasez del tiempo un motivo para exaltar con mayor ahínco la grandiosidad de la belleza de la vida misma. El límite que impone la finitud, a pesar de lo tedioso que pueda llegar a parecer ante los ojos del neurótico, es lo que imprime sentido a nuestra existencia. “La restricción en la posibilidad del goce lo torna más apreciable.” (Freud, 1916, pág. 309).

Lo que se vela con la exigencia de eternidad es la ambigüedad de nuestra posición ante el deseo. Esta palabra proviene del antiguo vocablo desidium y comparte su origen, por vía del verbo latino desidere, con la palabra desidia, la cual indica algo opuesto al deseo: la negligencia, la falta de aplicación. Asumir el deseo con desidia, hace de la eternidad una exigencia que, a su vez, justifica la desidia misma: si se dispone de la eternidad, para qué apurarse en poner en marcha el deseo. Es la trampa que se tiende el neurótico a sí mismo y por la cual el valor de lo transitorio puede tornarse, en ocasiones, en taedium vitae.

John James Gómez G.


lunes, 31 de julio de 2017

"Concepción del deseo en la enseñanza de Lacan" - Alfredo Eidelsztein

Para retomar nuestro trabajo en el blog en este segundo semestre del año 2017, les dejo este video de una clase del psicoanalista argentino Alfredo Eidelsztein, dedicada al tema de la "Concepción del deseo en la enseñanza de Lacan", articulando las vertientes "reconocimiento del deseo" y "deseo de reconocimiento". Alfredo Eidelsztein es autor de: Modelos, esquemas y grafos en la enseñanza de Lacan, Las estructuras clínicas a partir de Lacan, La topología en la clínica psicoanalítica, entre otros.
¡Qué lo disfruten!

Este miércoles 2 de agosto retomaremos el comentario de fragmentos textuales. 

¡Qué poca humanidad hay a veces en ese “gran espíritu científico”!

 “Se abre paso la vida con la misma terquedad con la que una plantita minúscula es capaz de rajar el suelo de hormigón para sacar la cabeza....